jueves, 4 de abril de 2013

La escuela se atasca en primaria

España tiene menos alumnos excelentes y más rezagados a los nueve años que la media de los países desarrollados en lengua, matemáticas y ciencias

 Los resultados de los alumnos españoles de nueve años en lengua, matemáticas y ciencias en las pruebas internacionales señalan unos puntos flacos muy parecidos a los que se pueden comprobar a los 15. Las pruebas PIRLS y TIMSS de 2011 de la Asociación Internacional de Evaluación Educativa dibujan un sistema con puntuación por debajo de la media de los países desarrollados (OCDE) y de la Unión Europea (especialmente en matemáticas), con pocos alumnos en los niveles más altos y un poco más de la cuenta en la parte de los rezagados. En la parte positiva, el español es un sistema equitativo, es decir, que no ahonda como otros en las diferencias de partida de los estudiantes, marcadas por el nivel socioeconómico y cultural de las familias.

Todo esto significa que las carencias del sistema educativo español se fraguan en primaria y no se consiguen revertir —pues siguen ahí hasta el final de la enseñanza obligatoria—, salvo para una parte de los más rezagados: en el informe PISA de la OCDE los alumnos en los niveles más bajos a los 15 años están en la media de los países desarrollados. En todo caso, se trata de unos resultados muy estables a lo largo del tiempo, con un ligero retroceso en ciencias, aunque la cifra no es del todo comparable porque la anterior prueba en que participó España fue en 1995.

Hong Kong y Rusia lideran el ‘ranking’ de comprensión lectora
España obtiene 513 puntos en lectura, frente a los 538 de media OCDE y 534 de la UE, por delante solo de Noruega, Bélgica, Rumanía y Malta. A la cabeza del ranking están Hong Kong (571), Rusia (568) y Finlandia (568). El porcentaje de alumnos españoles excelentes es del 4%, frente al 10% de la OCDE; y los rezagados son el 6%, frente al 3% de media. En ciencias, los alumnos españoles sacan 505 puntos (523 es la media OCDE). Pero los peores resultados están en matemáticas, con una media de 482 puntos, 40 por debajo de la OCDE; solo un 1% de alumnos excelentes (5% OCDE) y muy por encima en los rezagados: 13% frente al 7%. En matemáticas, España solo supera dentro de Europa a Rumanía y Polonia.

¿Por qué no se consigue avanzar a pesar de los esfuerzos? “Está claro que hay que hacer algo. ¿Una nueva ley? Es posible. ¿La que propone el Gobierno? Ahí es donde probablemente no nos pondremos de acuerdo”, dice el catedrático de Economía de la Pompeu Fabra José García-Montalvo en referencia a la ley que impulsa el Ministerio de Educación dirigido por José Ignacio Wert.
 Fuente: IEA. / EL PAÍS

El ministro justifica la séptima norma educativa de la democracia asegurando que es la mejor receta para revertir la situación: más evaluaciones externas (que en la ESO y bachillerato serán reválidas), adelantamiento de los itinerarios hacia la FP y fomento de la especialización de los centros educativos en áreas o contenidos concretos. Otra de las medidas anunciadas, las de dar más tiempo a las materias instrumentales (lengua, matemáticas y ciencias) en detrimento del resto de asignaturas, ha quedado muy diluida en la última versión del anteproyecto presentado la semana pasada.

Pero numerosos especialistas creen que esa receta no solo no mejorará, sino que ahondará los problemas llevándose de paso por delante la equidad del sistema. El sociólogo de la Universidad de la Laguna Saturnino Martínez ve bien que haya una evaluación externa, sin consecuencias para aprobar o repetir curso, a mitad de primaria, pues puede señalar los problemas y las soluciones. Sin embargo, cree que las reválidas “no sirven para mejorar, solo para dejar fuera” a una parte. “Lo que hace falta es más atención a la diversidad, con más profesores bien preparados”, dice el especialista y exresponsable del Instituto de Evaluación con el anterior Gobierno Enrique Roca. Más allá del proyecto de ley, los recortes presupuestarios están acabando con buena parte de los apoyos y refuerzos escolares.

Los expertos creen necesaria mejores docentes y atención a la diversidad
Tanto Roca como Martínez insisten en que la situación no es tan mala y, desde luego, no catastrófica. Martínez señala que la diferencia de los alumnos españoles, por ejemplo, en matemáticas, es el equivalente a un trimestre. Además, advierte contra las lecturas ordinales, como si se tratara de una clasificación deportiva, pues eso solo dice si te alejas o te acercas a otros países, no si los alumnos mejoran o no; eso lo da el punto de referencia colocado en los 500 puntos. Lorenzo Blanco, profesor de la Universidad de Extremadura y especialista en Didáctica de las ciencias, asegura que uno de los grandes problemas es “la falta de conocimientos sobre la materia y de gusto por las matemáticas entre los profesores de primaria”. Se trata de algo de lo que los especialistas se han venido quejando sistemáticamente, asegura, y que tiene como consecuencia “unos métodos de enseñanza demasiado tradicionales”.

Las claves de los informes
  • Nivel socioeconómico y cultural.En España, los hijos de padres licenciados sacan 55 puntos más que los que son hijos de padres con solo estudios obligatorios. En la OCDE son 80.
  • Equidad. España es uno de los países en donde las diferencias que se producen entre centros son más bajas: un 20%, frente al 25% de media.
  • Pública y privada. Los concertados y privados tienen mejor resultado que los públicos, pero la distancia desaparece cuando se tiene en cuenta el nivel socioeconómico de los alumnos.
  • Lectura por placer. La lectura por placer es una de las características que marcan más diferencias de rendimiento en lectura, matemáticas y ciencias (hasta un 8%).
  • Educación infantil. Los alumnos que asistieron a educación infantil durante al menos tres años obtuvieron cerca de 16 puntos más en las pruebas de lectura que los que no fueron.
  • Niños y niñas. Las diferencias en lectura entre niños y niñas a los nueve años es muy pequeña y depende sobre todo del contexto familiar. Por ejemplo, leen mejor los hijos de madres que trabajan fuera de casa.
 De vuelta en el cuadro general, Martínez señala una diferencia que le parece fundamental. Si en todos los países el contexto socioeconómico y cultural de las familias condiciona los resultados, en España, los hijos de familias más aventajadas lo hacen peor que otros países. Por ejemplo, los hijos de padres sin estudios básicos obtienen seis puntos por encima de la media internacional; mientras que los hijos de titulados superiores sacan entre 19 y 30 puntos menos. 
En ese sentido, García-Montalvo insiste en que es fundamental la motivación, es decir, que las familias perciban los beneficios de estudiar, de sacar buenas notas, de conseguir una carrera. Aunque la crisis actual está revirtiendo la situación, durante la década anterior se ha sufrido un gravísimo problema de sobrecualificación: en 2009, España era el país de la UE con más titulados universitarios o en FP de grado superior con empleos por debajo de ese nivel de formación, un 31%. “Creo que, además, el sistema educativo debería premiar de alguna manera a los que mejor lo hagan”, dice García-Montalvo.

Martínez, por su parte, asegura que, hecho lo más “evidente” (la extensión del sistema, una financiación suficiente, una formación mínima del profesorado), la mejora escolar es realmente complicada: “Los datos muestran que la motivación de los niños, el apoyo de sus padres en lectura, el buen ambiente entre los profesores en el centro es importante. No hay ley que cambie esto, sino la promoción de buenas prácticas educativas”.


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¿Por qué necesitamos jugar?



El juego es una actividad que se utiliza para la diversión y el disfrute de los participantes. Es un momento placentero donde no existe el riesgo o por lo menos no debería. Es por ello, que los maestros deben tener en cuenta el juego, ya bien sea libre o dirigido, para el desarrollo de las diferentes dimensiones emocionales, intelectuales y sociales de la personalidad. En el juego, con la actividad de los niños y las niñas, se conjuga el placer por hacer y la motivación por aprender.

Para un niño, el juego es el aprendizaje de la vida, el futuro de su poder de imaginación, de su capacidad corporal y mental, supone el medio natural por el cual  va adquiriendo los aprendizajes tempranos. Desde que nace, a un niño podemos ayudarle a desarrollar sus habilidades a través del juego. El simple hecho de mover sus manos, sus pies, ya indican su afán por descubrir y aprender.


El juego no supone un mero entretenimiento para los niños, tiene unas repercusiones mucho más amplias y, sin darnos cuenta, a través de él, se preparan para el futuro, estimulan todos sus sentidos, enriquecen la creatividad y la imaginación, y sobre todo, aprenden a compartir, esperar, luchar, ganar y perder. Es muy importante que nosotros participemos en su juego, pues además de divertirnos y aprender de ellos, podemos reforzar sus hábitos de trabajo, de orden o de autonomía.

A todos nos gusta jugar y ponernos en situaciones que salgan de nuestra realidad y de nuestra rutina.

  • El juego nos permite desarrollar la imaginación, compartir experiencias y además adquirir una serie de relaciones sociales que necesitaremos durante la vida adulta. Tenemos la oportunidad de interaccionar con nosotros mismos, con los demás y con nuestro entorno.
  • Jugamos porque necesitamos descubrir, aprender y sobre todo entendernos. Jugamos porque necesitamos experimentar sensaciones que nos provoquen placer.


Durante la infancia iniciamos el juego simbólico. Se da en una edad en la que necesitamos dar simbología a los objetos, personas o situaciones. A través de los símbolos, los niños y niñas  consiguen reducir la complejidad de la realidad y la llevan a un territorio que pueden dominar.


El juego simbólico es el juego infantil por excelencia en el que los pequeños imaginan, imitando situaciones que ven en la vida real. En ese proceso utilizan al máximo su imaginación, jugando constantemente en el límite entre lo real y lo imaginario, lo cual les ayuda a crear representaciones mentales que serán de gran ayuda para resolver situaciones futuras en su vida.

El juego facilita la comprensión de lo que somos y de lo que podemos llegar a hacer. El juego simbólico, además, permite jugar con la realidad pero no estar dentro de ella, por lo que es un juego más seguro. 


Entre los tres y los cinco años desarrollan la capacidad de compartir el juego con otros niños de su edad respetando unas normas que todos los participantes conocen.  Es el momento en el que se afianza el desarrollo de su sociabilidad, así como el hábito del orden, y las virtudes de la paciencia y el respeto. En este momento van siendo conscientes de que pueden ganar o perder, y los adultos podemos aprovechar estas circunstancias para enseñarles  que lo importante es formar parte del juego, no solo el resultado del mismo. De este modo les estaremos enseñando que cuando se quiere alcanzar una meta, lo primero y fundamental es el proceso y el esfuerzo que se realiza para ello, no solamente si se alcanza el éxito de lograrla. 


Para que el juego sea divertido y educativo, debe de ser variado y de dificultad progresiva, adecuada a la edad de cada niño. El juego permite grandes posibilidades  si los protagonistas no son solo los niños sino también las personas que los rodean, padres, abuelos, profesores,…etc. Consiguiendo de esta manera, nuestro principal objetivo: preparar al alumno para su futuro.

En síntesis, es a través de la manipulación, del juego y de la experimentación con los elementos físicos y sociales de su entorno, como los niños y niñas construyen su identidad, se conocen a sí mismos, y descubren las características y cualidades de las personas y de los objetos que les rodean, elaborando, de forma más o menos acertada, sus propios esquemas de acción e interpretación de la realidad.


El juego es aprendizaje y placer, con estas virtudes es difícil de imaginar una vida sin juego, de hecho no desaparece nunca de nuestras vidas